martes, 16 de septiembre de 2008

La gran paradoja de la ciudad actual

La Incomunicación en la era de las comunicaciones

Armando Luis Arrieta Barbosa

El fenómeno urbano, según Ezequiel Ander-Egg, es un hecho fundamental del mundo contemporáneo, pero es también un fenómeno social contradictorio y ambivalente. Es fundamental, porque la ciudad es por excelencia un espacio generador de civilización, de progreso y de innovación. Y, es un fenómeno social contradictorio y ambivalente, porque la ciudad es la principal fuente de deterioro del planeta y de descomposición de la sociedad actual.[1] Uno de los aspectos donde más se observa esto último, es el relativo a la comunicación y la convivencia, tema sobre el cual nos ocuparemos en esta oportunidad.

Antes, desde la época de la polis griega, se concebía la ciudad como un lugar de encuentro y de comunicación y como un escenario para practicar las relaciones humanas y la integración social. Hoy, la ciudad está perdiendo estas características y se está transformando en todo lo contrario: en un lugar de desencuentro y en un espacio poco placentero para vivir y convivir. Tres razones explican en gran medida lo anterior: la reducción del espacio público, el aumento de la violencia y la inseguridad en las calles y el predominio de la información sobre la comunicación.[2]

El espacio público cada vez deja de ser espacio para todos los ciudadanos. Primero, porque el ámbito destinado como espacio público no se incrementa en forma proporcional al crecimiento de las ciudades. Por ejemplo, en un estudio incluido en el último plan de ordenamiento territorial de Barranquilla encontramos que en esta ciudad el espacio público promedio es de un metro cuadrado por habitante, en tanto el estándar mundial, según criterios de la ONU, es de 12 metros cuadrados por habitante. Sin duda una cifra bastante diciente que pone de relieve la dificultad para disfrutar el espacio libre en esta ciudad.

A lo anterior debemos agregar la tendencia generalizada a enrejarlo y a encerrarlo todo. En una investigación realizada por Zulma Buendía en el año 2002, encontró que el 41.39% de las propiedades de Barranquilla se encuentran enrejadas.[3] Y, eso sin contar con conjuntos residenciales, la vigilancia privada y los circuitos cerrados de televisión que restringen aún más el uso libre del espacio. Este fenómeno urbano, además de minimizar el espacio de juego a los niños y el ámbito de movimiento de los ancianos, restringe la comunicación con el vecino, con quien cada vez más se dificulta entablar una conversación.

Como si lo anterior fuera poco, la calle, que en otros tiempos se concebía como un espacio público por excelencia, hoy es planeada y diseñada para los automóviles y no para los humanos. Para los vehículos se construyen las grandes avenidas, las autopistas, las circunvalares, las carreteras, los puentes, los túneles y las zonas de parqueo. También para los autos se crearon los semáforos, las señales, las normas y las reglas de tránsito y transporte. Las calles no sirven más que para desplazarse de un lugar a otro. Pero debido al excesivo crecimiento de las urbes, asistimos también a un proceso de reducción del espacio usado. Pocos son los lugares que los habitantes de una ciudad logran recorrer y casi siempre son los mismos: de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.

Además de la reducción del espacio público, otro problema que afecta a la ciudad actual lo constituye la convivencia social y la comunicación. Asistimos a la configuración de una “nueva” ciudad hecha cada día más de flujos, de circulación e información, pero cada vez menos de encuentros y comunicación. El ritmo de la ciudad es cada día mayor, fenómeno que, según Jesús Martín-Barbero, se traduce en la denominada compresión del tiempo y el espacio. Todo cambia rápidamente, todo pierde vigencia rápidamente, todo está hecho para que no dure, todo se agota en el presente cada vez más corto y autista; el tiempo no alcanza para nada, pero paradójicamente todo se torna lento en la ciudad debido a la distancia y al caos vehicular.[4]

Cada día estamos más informados porque la tecnología nos ofrece mayores posibilidades de acceso al conocimiento, pero también cada día sabemos menos acerca de lo que significa esa información. Todo cuanto queremos saber nos lo puede proporcionar el computador, el aviso publicitario o la cartelera digital. No obstante estas ventajas, la comunicación deja de ser una relación de intercambio de persona a persona y se transforma en una relación de intercambio entre una persona y una máquina. La comunicación, además de convertirse cada día más en algo impersonal, por el hecho de interactuar con informaciones sin intercambiar palabras con otros, nos ha conducido, según Jesús Martín-Barbero, al anonimato.[5]

Es más, los avances tecnológicos de los últimos tiempos, además de desconcertar a los adultos, han hecho cambiar también la forma de concebir a los ancianos. La vejez que en otros tiempos fuera símbolo de sabiduría y autoridad, hoy está completamente desvalorizada ante la información que pueden proporcionar los aparatos cibernéticos. Antes los ancianos cumplían una función social y educativa. Los niños se reunían a su alrededor para escuchar sus historias, sus anécdotas o sus cuentos, y haciendo esta labor los abuelos se sentían socialmente útiles. Hoy, no sólo los ancianos han dejado de cumplir con esta función, sino que tampoco pueden compartir con lo de su generación.[6]

Otra de las grandes paradojas del mundo contemporáneo la encontramos en que lo lejano, gracias a la tecnología y los avances de la comunicación, se torna cercano y lo cercano, en ausencia de la tecnología, se hace lejano. Hoy es más fácil informarnos sobre lo que está pasando en el mundo, que acerca de lo que está pasando a nuestro alrededor. Tal como lo plantean Edgar Morin y Anne Brigitte Kern, el mundo llega, en calidoscopio, cada día a nuestros hogares. Pero muchas veces ignoramos cuanto sucede en la ciudad en que vivimos o en los poblados más cercanos. Ello genera la necesidad de replantear el concepto de cercanía y lejanía, según Silvia Alderoqui.[7]

Otra dimensión en la que se expresa la incomunicación y la falta de convivencia social en el mundo actual lo constituyen los nuevos miedos, debido no sólo al aumento de la violencia, la criminalidad y la inseguridad en las calles, sino más bien a una angustia más honda, a una angustia cultural. Angustia que al decir de Jesús Martín-Barbero proviene del urbanismo salvaje que destruye poco a poco el arraigo colectivo y nos hace temer frente al otro que pasa a mi lado y que lo percibimos como potencial amenaza.[8] Lo anterior se traduce en lo que Luis Eduardo Hoyo simplifica como conservación del amor filial y pérdida de los lazos individuo comunidad, de la conciencia cívica.[9]

Pero tal vez la mayor expresión de esta crisis de comunicación de la sociedad actual la encontramos en lo que Max Weber denomina desencantamiento por la sociedad, fenómeno que se muestra con mayor énfasis en los jóvenes que en los adultos y en los niños. Este desencantamiento se expresa por un lado, en la búsqueda de refugio en lo que Martín Hopenhayn denomina olvido extático (con x de éxtasis) y, por el otro, en la nueva fusión neotribal que se manifiesta en la agrupación de millones de jóvenes que se juntan, no para hablar sino para estar juntos, en silencio, fundiéndose en el ruido de la música actual.[10]

Y como si lo anterior fuera poco, la incomunicación también se manifiesta al interior de los hogares. Tal vez escapando de la inseguridad y el miedo que produce el estar en las calles, la gente se autosecuestra en sus casas, en las zonas residenciales y en las urbanizaciones. Cada casa se convierte durante las horas de la noche en refugio para dormir, para comer y para recuperar energía para el día siguiente. Pero en lugar de convertirse el tiempo de casa en tiempo para compartir en familia, nos encerramos a ver televisión, a escuchar música por medio de audífonos o chatear en el computador, todos en silencio y cada uno absorto frente a la máquina. La casa dejó también de ser un lugar de encuentro y comunicación. De todo lo anterior se puede concluir con Ezequiel Ander.Egg que a mayor urbanización, menor vida urbana, puesto que la vida urbana se hace muy difícil cuando van desapareciendo los ámbitos de encuentro.[11]

Referencias bibliográficas
-Alderoqui Silvia, “Enseñar a pensar la ciudad”, en Alderoqui Silvia, Penchansky Pompi (comps.), Ciudad y ciudadanos. Aportes para la enseñanza del mundo urbano, Buenos Aires- Barcelona- México, Paidós, 2002.
-Ander-Egg Ezequiel, La Explosión Demográfica y el Proceso urbano, Buenos Aires, Humanitas, 1982.
-Buendía Zulma, Barranquilla, ciudad enrejada (II), El Heraldo Dominical, Barranquilla, 17 de noviembre de 2002.
-Hoyos Jaramillo Luis Eduardo, “La inhabitable ciudad contemporánea Latinoamericana”, en Giraldo Fabio y Viviescas Fernando (comps.), Pensar la ciudad, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998.
-Martín-Barbero Jesús, “Transformaciones culturales de la política”, en Herrera Martha Cecilia y Carlos Filmar Díaz (comps.), Educación y Cultura Política. Una mirada multidisciplinaria, Universidad Pedagógica Nacional, Plaza & Janés Editores, 2001.
-Martín-Barbero Jesús, “Comunicación y ciudad: sensibilidades, paradigmas, escenarios”, en Giraldo Fabio y Viviescas Fernando (comps.), Pensar la ciudad, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998.
-Martín-Barbero Jesús, Pre-textos. Conversaciones sobre la comunicación y sus contextos, Cali, Editorial universidad del valle, 1996.
-Martín-Barbero Jesús, “Comunicación y ciudad: sensibilidades, paradigmas, escenarios”, en Giraldo Fabio y Viviescas Fernando (comps.), Pensar la ciudad, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998.
[1] Martín Barbero Jesús, “Transformaciones Culturales de la Política”, en Herrera Martha Cecilia y Carlos Jilmar Díaz (comps.), Educación y cultura política: una mirada multidisciplinaria, Serie Educación y Cultura, Universidad Pedagógica Nacional, Plaza y Janés Editores, 2001.
[1] Ezequiel Ander-Egg, La Explosión Demográfica y el Proceso urbano, Buenos Aires, Humanitas, 1982, p. 53.
[2] Ibid, pp. 70-71.
[3] Zulma Buendía, Barranquilla, ciudad enrejada (II), El Heraldo Dominical, Barranquilla, 17 de noviembre de 2002.
[4] Jesús Martín-Barbero, “Transformaciones culturales de la política”, en Herrera Martha Cecilia y Carlos Filmar Díaz (comps.), Educación y Cultura Política. Una mirada multidisciplinaria, Universidad Pedagógica Nacional, Plaza & Janés Editores, 2001, pp. 18-19.
[5] Jesús Martín-Barbero, Martín-Barbero Jesús, “Comunicación y ciudad: sensibilidades, paradigmas, escenarios”, en Giraldo Fabio y Viviescas Fernando (comps.), Pensar la ciudad, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998, p. 64

[6] Jesús Martín-Barbero, Pre-textos. Conversaciones sobre la comunicación y sus contextos, Cali, Editorial universidad del valle, 1996, p. 82.
[7] Alderoqui Silvia, “Enseñar a pensar la ciudad”, en Alderoqui Silvia, Penchansky Pompi (comps.), Ciudad y ciudadanos. Aportes para la enseñanza del mundo urbano, Buenos Aires- Barcelona- México, Paidós, 2002.
[8] Martín-Barbero Jesús, Comunicación y ciudad: sensibilidades, paradigmas, escenarios, en Giraldo Fabio y Viviescas Fernando (comps.), Pensar la ciudad, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998, p. 64 y del mismo autor, Pre-Textos, citada, p. 80.
[9] Luis Eduardo Hoyos, Hoyos Jaramillo Luis Eduardo, “La inhabitable ciudad contemporánea Latinoamericana”, en Giraldo Fabio y Viviescas Fernando (comps.), Pensar la ciudad, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998, p. 223.

[10] Martín Barbero Jesús, “Transformaciones Culturales de la Política”, en Herrera Martha Cecilia y Carlos Jilmar Díaz (comps.), Educación y cultura política: una mirada multidisciplinaria, Serie Educación y Cultura, Universidad Pedagógica Nacional, Plaza y Janés Editores, 2001, p. 18.
[11] Ezequiel Ander-Egg, Op. Cit., pp. 70-71.

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